lunes, 30 de noviembre de 1998

#libros #teoriaqueer | Epistemología del armario


Epistemología del armario / Eve Kosofsky Sedgwick.
Barcelona : Ediciones de la Tempestad, 1998.
328 p.
ISBN 8479480343 [1998-11]
/ ES / ENS
 / Feminismo / Homosexualidad y literatura / Teoría Queer
Biblioteca UPV/EHU
http://millennium.ehu.es/record=b1332245~S1*spi

Una obra extraordinaria que obliga a repensar todas las bases de la cultura occidental contemporánea, al analizar los cánones sobre los que se forjaron los paradigmas del pensamiento actual en temas de género. Un trabajo brillante de crítica literaria, estudio cultural, análisis político que supone un claro avance en los estudios gays y lésbicos.

Armario con doble fondo
¿Cuál es la relación entre la visibilidad y la invisibilidad? ¿Qué decimos y de quién hablamos cuando hablamos de “closet”? ¿Qué existencias representa y niega cada letra de la sigla LGBTTTIQ? ¿Cuáles son las utilidades y tensiones alrededor de las identidades sexuales y de género? Estas y más preguntas intentaron formular y responder teóricas feministas y queer desde diversas disciplinas. A partir de hoy, los primeros viernes de cada mes, Soy presenta una autora y un concepto clave. Hoy, “epistemología del armario” tal como lo encontramos en la obra homónima de Eve Kosofsky Sedgwick.
Sonia Gonorazky y Verónica Marzano | Soy, Página 12, 2013-02-01

Además de un buen título, “Epistemología del armario” es una expresión de alto impacto que muchas veces se usa sin saber exactamente a qué se refiere. En este texto fechado en 1990 la autora transita, iluminada por Foucault, los derroteros de la visibilidad y la invisibilidad Lgtttbi hallando el nexo con otras formas cotidianas que van mucho más allá de lo que entendemos por homosexualidad o por la invisibilidad de un grupo de personas. El armario es un modo de pensar la realidad, de moverse en ella.

Uno de los grandes aciertos del libro es instalar lo socialmente oculto y silenciado en condiciones de igualdad con todos los discursos y acciones que definen el modo de leer, entender y decodificar tanto a una sociedad como a una vida personal. Pero, ¿qué es una epistemología? ¿Qué podemos encontrar en un armario?

Según el diccionario, “epistemología” es la “doctrina de los fundamentos y métodos del conocimiento científico”. La autora se propone desentrañar esos métodos, lógicas, lenguajes de conocimiento que yacen en lo que entendemos por armario.

1. La epistemología del armario como oxímoron.

A diferencia del ejemplo que da el diccionario para explicar la palabra oxímoron, la epistemología del armario enfatiza la tensión entre opuestos que solo lo son en forma aparente y que tensan el peso retórico de esa contradicción para reforzarse: no se complementan ni se oponen sino que se fundamentan recíproca y equivalentemente. Mientras el diccionario atribuye al oxímoron un sentido metafórico, poético, sarcástico, la autora pone de manifiesto la intención disciplinadora del par “conocimiento como verdad” / “ignorancia como secreto Lgtttbi”.

“No cabe hacer una división binaria entre lo que se dice y lo que se calla; habría que intentar determinar las diferentes maneras de callar [...]. No hay un silencio sino silencios varios y son parte integrante de estrategias que subtienden y atraviesan los discursos”, cita Sedgwick y enseguida remarca que en las relaciones en torno del armario “el hecho de que el silencio sea tan intencionado y transformativo como el discurso [...] depende de que la ignorancia sea tan poderosa y múltiple como el conocimiento”.

2. Las elásticas y transparentes paredes del armario: sobre cómo se complican las cosas cuando el secreto es “este” secreto.

El secreto Lgtttbi comprende características que reflejan las particularidades epistemológicas de la identidad que encubre. Preguntas como “¿se lo digo para no mentir?” o “mejor no se lo digo, total no le importa” surgen permanentemente y en todo tipo de situaciones aun para las lesbianas más aguerridas, para los putos más asumidos, etc. Esta disyuntiva que conforma el nudo central de las vidas no heterosexuales es resultado de la falsa dicotomía entre lo público (siempre heterosexual, invisibilizado como lo normal, natural, común, conocido) y lo privado (siempre Lgtttbi, siempre oculto, siempre disidente). Dice Sedgwick: “Hasta en el ámbito individual es notable las pocas personas, incluidas las más abiertamente gays, que no están deliberadamente en el armario respecto de alguien que es personal, económica o institucionalmente importante para ellas”. A cada paso, con cada nueva relación nos encontramos como la primera vez, evaluando si el otrx en cuestión tendrá consideraciones lgtttbifóbicas o no.

Las múltiples posibilidades de lo que podría pasar ante la revelación definen las características del armario que cada quien construye. “¿Se enojará?”, “¿Pensarán que tomo ciertas decisiones porque soy lesbiana?”, “¿Creerá que solo quiero juntarme con mujeres?”, “¿Dejarán de reunirse conmigo para que no crean que son putos?”, “¿Querrán que no lo diga en todas partes?”, “¿Creerá que ella siempre me gustó?” son algunas de las dudas que atraviesan existencialmente las vidas heterodisidentes y los cuerpos que las portan, cada vez que deciden salir del armario, arriesgando ni más ni menos que su supervivencia ideológica, política, económica y a veces hasta física.

Estructura característica de la epistemología del armario Sedgwick enfatiza las características del conocimiento en una serie de puntos que vale la pena citar.

1. Identidad Lgtbi y resistencias a reconocerla: la sexualidad Lgtbi siempre parece poder revertirse. Nunca falta un abuelo, una tía, unx jefx que confíe en que “algún día se te va a pasar” o que “ya vas a conocer a alguien que...”. Ellos consolidan la duda permanente del “quién es suficientemente gay”, la imposibilidad ontológica de la certeza sobre las propias decisiones y convicciones.

2. El closet es de cristal: la sexualidad y la actividad sexual cotidianas funcionan como reguladores sociales y culturales de la vida. Anécdotas, experiencias, chismes, secretos a voces recorren las oficinas, las aulas, las cocinas, los baños. La verdad sobre el sexo es imposible de ocultar por mucho tiempo. Muchas veces la salida del armario significa apenas la cristalización de una información que ya circulaba como chantaje silencioso. “Finalmente la situación de quien sabe algo de uno mismo que puede que uno mismo no sepa es de entusiasmo y poder”, concluye Sedgwick.

3. El closet es contagioso: familia, cónyuges, amigos, suelen pedir que el secreto no sea revelado ante la comunidad de pertenencia. La idea de la exclusión y el estigma se extiende a otros.

4. Pánico homosexual: la identidad sexual o erótica es relacional. La revelación Lgtttbi suele interpelar la identidad ajena, que atrapada en la heterosexualidad forzosa pocas veces se ha interrogado acerca de su propia sexualidad.

5. Homofobia interna: dice EKS: “A veces el hecho de descubrirse no pone fin a la relación con el propio armario sino que incluye de forma turbulenta el armario del otro”.

6. La falta de una genealogía: las personas que componen el mapa Lgtttbi, a diferencia de otros grupos sociales discriminados, carecen generalmente de figuras reconocibles y citables que encarnen sus tradiciones, costumbres, etc., y que permitan construir un anclaje narrativo histórico. Cada lesbiana, trans, trava, puto, debe construir para sí mismx “una herencia utilizable; y una política de resistencia y supervivencia”.

7. “Visión minorizadora vs visión universalizadora” y “separatismo vs inversión”: la identidad Lgtttbi es leída desde al menos dos perspectivas contradictorias y opresivas. Por un lado, la contradicción entre disidencia sexual como la definición de un grupo de personas específicas (por ejemplo los conocidos “grupos de riesgo”) o como un conjunto de prácticas eróticas –siempre convenientemente reducidas a los usos y disfrutes de las partes genitales de los cuerpos–.

La segunda contradicción viene de la mano del separatismo (por ejemplo, la idea de mujeres que se identifican con mujeres) frente a la inversión (lesbiana es la que se identifica con varones). Ambos pares conviven en los discursos, prácticas sociales y políticas públicas y son centrales en las investigaciones y conclusiones de EKS. Aun hoy, a casi 25 años de publicadas, siguen vigentes teórica y políticamente, cuestión que lejos de obturar la elaboración de discursos y praxis ilumina acerca de la fuerte relatividad con que se construyen los regímenes de verdad.

Ver o no ver
Sedgwick nos alerta continuamente sobre el carácter social y macroscópico de la “presunta” ocultación del armario. Visibilidad y armario son caras de la misma moneda –y hasta tal vez la misma cara–, constituyendo una carga opresiva instalada en las miradas que eligen ver o no ver, no en la decisión más o menos manifiesta y en la tarea más o menos infinita de hacerse visible. Se trata de miradas ajenas, extrañas, y a las que ciertamente podemos intentar seducir, orientar, iluminar, pero nunca obligar ni dirigir.

Epistemología del armario propone que muchos de los nudos principales del pensamiento y el saber de la cultura occidental del siglo XX están estructurados por una crisis crónica, hoy endémica, de definición de la homo/heterosexualidad. Y propone que la mejor forma de comenzar a desentrañar la compleja relación Homosexualidad/heterosexualidad forzada es analizando los estudios gays y antihomofóbicos. Ha corrido agua bajo el puente desde la publicación de este libro, los paradigmas cognitivos y políticos (el poder en todas sus expresiones colectivas e individuales) del siglo pasado siguen siendo fuertes, normativos y sólidos. Consideramos que las textualidades y las relacionalidades 2.0 de nuestros tiempos y –en otro plano– los avances en el reconocimiento de la ciudadanía trans y las tecnologías de arquitectura corporal, permiten –a quienes se lo propongan– corroer parte de estas estructuras. La mesa está servida, nos queda decidir si sumarnos o no al banquete. 

Anotaciones a la “Epistemología del armario”
Eduardo Nabal | Hartza, [s.d.]
http://www.hartza.com/sedgwick.htm

"Epistemología del armario" el denso, importante y valiente ensayo "queer" de Eve Kosofsky Sedgwick es un libro abierto. Como todas las grandes obras del pensamiento moderno vale más por sus desafíos y sus interrogantes que por sus conclusiones. Por lo que cuestiona más que por lo que enuncia. La propia autora invita a otros autores a hacer lo mismo que ella hace con algunos de los textos fundamentales de la literatura gay inglesa del siglo pasado y principios de este, empleando otros textos. Es un libro creativo, indagante, que invita a la reflexión y al debate a pesar de sus episodios de gran densidad y su a ratos excesivo rigor académico.

Sus dos primeros capítulos son la base teórica del desafío de Sedgwick y los de mayor relevancia como teoría queer aplicable a la práctica sociopolítica. El resto son audaces aproximaciones a textos que han estado despojados de su innegable carga homosexual por casi un siglo de práctica académica y crítica mayoritariamente conservadora, cegata y homofóbica.

Uno de los grandes desafíos de Sedgwick está en su planteamiento de cómo se reinterpreta un texto desde una mirada desprejuiciada y no heterosexista. Libros clásicos de la literatura inglesa como "El retrato de Dorian Gray" o "Billy Budd" no han sido leídos como obras de importante significado en el desarrollo cultural de la identidad gay moderna y los estudiosos se han acercado a ellos eludiendo su carácter político "gay" o considerando que era sencillamente irrelevante de cara a la crítica literaria o social.

Echamos de menos después de leer sus incisivos, inteligentes y desafiantes comentarios sobre estos textos que no haya extendido su labor a otras obras y otros autores. Deja el campo abierto a otros ensayistas y otras miradas. Sus análisis nos invitan a revisar algunos de estos textos y a acercarnos primera vez los que desconocemos. Arrojan luz sobre los aspectos más oscuros de algunos clásicos de la literatura y la filosofía europeas y al mismo tiempo nos restan seguridad sobre algunos puntos que creíamos claros o concluyentes en su interpretación de lo leído. Autores tan diferentes como Wilde, Melville, James, Nietzche o Proust le sirven a la autora para desvelar algunos de los aspectos clave de la construcción de la identidad gay moderna y de las relaciones sociales, psicológicas y políticas del varón moderno con el armario homosexual.

Algunas de las ideas expresadas en la primera parte del texto y otras que se desprenden de una lectura atenta del resto del libro son, además sin duda, provocadoras. Algunas aparecen explícitamente formuladas, otras son simplemente insinuadas o se desprenden de lo leído. Entre las primeras se encuentra su rechazo a continuar el debate permanente entre el constructivismo y el esencialismo por considerarlo políticamente poco productivo. Sin dejar de reconocer su importancia de cara a las formulaciones del moderno feminismo el debate de lo social frente a lo biológico muestra sus limitaciones en el terreno práctico. El saber que algo esta culturalmente construido no implica que sea de fácil desmantelamiento. Esta es una de las ideas más perturbadoras y pesimistas del libro aunque su lucidez no invita a la parálisis sino a la reformulación. Otra de las ideas, que aparece claramente enunciada, y que además se demuestra a lo largo de la lectura de todo el libro, es la de que nadie puede salir de manera total ni continúa del armario ni liberarse del todo de su recurrente hermetismo ni de su perversa influencia. Todos/as estamos en el armario con respecto a alguien, por la sencilla razón de que todos los día podemos conocer gente nueva frente a la que se levantan nuevos muros de silencio, sobreentendidos y heterosexualidad obligatoria. Y es que estar en el armario, y esta es otra de las conclusiones que pueden extraerse del libro, no es solamente una cuestión de decisión personal sino que puede contar con la colaboración o con la no-colaboración y hasta el impedimento de los integrantes del entorno. Es particularmente difícil hacer ver a quien sencillamente no quiere ver ni saber, y sobre todo eso sabemos muchos todos los gays y lesbianas cuando nos desenvolvemos en el entorno familiar, social o laboral más próximo. El armario se nos revela así como una construcción de gran resistencia a la deconstrucción total y extraordinaria flexibilidad incluso frente a la práctica política.

Aunque Segdwick en su libro hace referencia a Wilde, Proust, Melville o a James como ejemplo de autores que "no han querido ser leídos" desde una perspectiva gay y antihomofóbica no es menos cierto que en todos los países de Europa ha ocurrido algo similar con otros autores. ¿Cuántas veces se ha enseñado "La sinfonía pastoral", "La puerta estrecha" o incluso una obra tan gay como "El inmoralista" sin aludir a la homosexualidad de Gide y sin considerarlas relevantes en la formación de un discurso cultural homosexual? ¿Cuántas veces aquí se ha enseñado a Lorca a Aleixandre e incluso a Gil de Biedma sin referirse a ellos como autores en los que la sensibilidad gay condiciona toda su obra y visión poética del mundo?. ¿Cuántos han leído a Virginia Woolf, a Julien Green o incluso a Tennesse Williams sin considerar relevante su vivencia de la opresión homofóbica y lesbofóbica y su reflejo en su literatura?

La autora señala la fecha de los disturbios de Stonwell en 1969 y la consiguiente creación del moderno movimiento de liberación homosexual como un antes y un después en la creación literaria y en la práctica política. Pero reconoce que esto no ha supuesto una salida masiva del armario sino que ha hecho todavía más complejas las relaciones con la institución del secreto. 

Los que hemos estudiado literatura en el instituto o en la universidad reconocemos en el libro de Segdwick la denuncia de la crítica literaria pacata y de la práctica histórica elusiva. Así, tal y como ella comenta, no es sólo preocupante el que no se reconozca la homosexualidad de autores clásicos sino el que además se considere que esta es irrelevante a la hora de estudiar su vida y su obra. La estulticia y el prejuicio del ámbito académico español tienen mucho que aprender del enfoque y el análisis a la vez inteligente e incisivo de la autora.

Otro de los puntos de interés para un posible debate a partir de la lectura del libro de Segdwick es el de la situación de subdesarrollo de la teoría gay frente al notable desarrollo epistemológico y crítico del discurso feminista. Como afirma Gayle Rubin "En comparación con las políticas de clase, raza o género las políticas del sexo se encuentran relativamente subdesarrolladas. Los liberales del sexo están a la defensiva y los radicales del sexo casi no existen". La teoría queer, de la que Sedgwick forma parte, es todavía joven, y a pesar de su innegable desarrollo, todavía no ha alcanzado la suficiente fuerza como para desvincularse del todo y caminar de manera paralela, y no subordinada, frente a otros discursos políticos, particularmente en lo que se refiere al discurso feminista, de la que ha tomado muchos de sus postulados.

Sedgwick ve la necesidad de un desarrollo particular de la crítica gay y antihomofóbica desde su propia especificidad teórica y encontrando sus propios puntos de apoyo y sus particulares líneas de desarrollo. Sin dejar de estar vinculada, inevitablemente, a las cuestiones más amplias sobre el género y la política antipatriarcal, la cuestión de los homosexuales masculinos, al igual que, en otra esfera, la de las mujeres lesbianas, ha de encontrar su propio desarrollo y profundizar en sus especificidades. La teoría queer ha supuesto un importante avance en este terreno frente a una cierta esclerosis de la teoría y la práctica de la izquierda tradicional que nunca ha abordado las luchas de género, y menos las cuestiones referidas a maricas y bolleras, con la suficiente profundidad. Esto se aprecia claramente al observar el escaso espacio ocupado por la práctica feminista y gay dentro del discurso general y globalizante de la lucha izquierdista y al mismo tiempo por la sólo relativa importancia concedida a la lucha antihomofóbica y antilesbofóbica dentro del conjunto del discurso feminista (radical o no). Muchos de los postulados que tan buenos resultados han dado en la práctica política feminista se muestran a todas luces insuficientes o incompletos en la práctica política antihomofóbica, mucho más joven en su base teórica y en su tradición activista.

Otro punto interesante sobre el que la autora cree necesario el posicionarse y justificarse es el de la subjetividad de los estudiosos queer frente al material que abordan. La autora dice adentrarse con "Epistemología del armario" en un terreno que, a priori, no es el suyo, el de la política gay masculina y la crítica literaria y cultural antihomofóbica. Ella se define como soltera, mujer gorda, heterosexual, feminista y sexualmente incorrecta. Una definición que la incluye por derecho propio dentro del ámbito de lo "queer" y de la práctica política del género. Pero además se ve obligada a justificar su intervención en el terreno de la historia social de los homosexuales masculinos como lo haría sin duda un crítico o un activista gay que se adentrara de lleno en los estudios feministas. Su contribución teórica es indiscutible, aunque su visión no pueda, indudablemente, ser la misma que la de un Leo Bersani o un Jeffrey Weeks al referirse a la experiencia personal con la homofobia.

Por último es ineludible destacar el interesante, provocativo y a la vez discutible análisis que hace la autora de las relaciones entre la homofobia y la homosexualidad latente en sus aproximaciones a la construcción y desmantelamiento del armario homosexual. Hace suya una figura de raíces freudianas sin dejar de denunciar el uso homofóbico que se ha hecho en ocasiones de ella por parte de la moderna legislación: "el pánico homosexual", que vendría a ser la reacción de hostilidad que suscita lo gay en los hombres heterosexuales que ven surgir en sí sentimientos homoeróticos. Sedgwick denuncia como por parte de los tribunales de algunos estados norteamericanos se sigue aceptando la figura del "pánico homosexual" como disculpa para la violencia que los hombres heterosexuales ejercen sobre los gays cuando a nadie se le ocurriría justificar un crimen racista o una agresión machista bajo la excusa del "pánico racial" o el "pánico de género". La autora explica como el pánico homosexual aparece latente en los textos literarios que desmenuza. Como la masculinidad y la homofobia aparecen ligados por su relación con respecto al otro, entendido como una entidad amenazante para la seguridad del orden heterosexual. Como el descubrimiento de la homosexualidad y las actitudes homofóbicas pueden aparecer ligados en un sujeto que se ve reflejado en aquello que teme y desea. 

ENLACES 
Wikipedia | Eve Kosofsky Sedgwick
http://es.wikipedia.org/wiki/Eve_Kosofsky_Sedgwick

DOCUMENTACIÓN
"Epistemología del armario" de Eve Kosofsky Sedgwick
Queer Kong, 2011-08-20
http://queerkong.blogspot.com.es/2011/08/teoriaqueer-epistemologia-del-armario.html
"Epistemología del armario” (1990) de Eve Kosofsky Sedgwick
Palabra de Loca, 2008-08-02

http://palabradeloca.blogspot.com.es/2008/08/epistemologa-del-armario-1990-de-eve.html

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